Sábado 18-0ctubre 2008 15:00
He completado mi segunda semana de prácticas y todavía no os he contado nada de lo que estoy haciendo allí. Como buen becario, las tareas se reparten entre inutilidades varias (pegar pegatinas en unos panfletos, durante tres horas) y cosas de lo más interesantes. Pero el balance es bastante positivo.
La revista en la que hago las prácticas, que ya he mencionado varias veces, se llama Lateinamerika Nachrichten (os pongo un link a mi primer artículo, una recensión sobre el último disco de Amparanoia publicada en el número de junio). Es una revista que se creó hace 35 años, exactamente el 28 de junio de 1973. La idea, surgida de algunos estudiantes y amantes de Latinoamérica en general y de Chile en particular, era informar de los acontecimientos que se estaban produciendo en este último país, donde Allende, sin saberlo, asistía a sus últimos meses de gobierno (y de vida). Como cada jueves desde entonces, aquel día se juntaron varios colaboradores y escribieron las primeras páginas de la revista. El interés por Latinoamérica en Alemania es bastante grande, así que la revista comenzó a funcionar bien entre un pequeño grupo de incondicionales. Pero cuando el 11 de septiembre de 1973 el general Pinochet, apoyado por la “democrática” EE.UU de Nixon y Kissinger, asaltó el Palacio de la Moneda la revista tuvo su despegue definitivo. Desde entonces (por lo que sé hasta ahora), la revista a mantenido su estilo. En una revista pequeña, mensual, dónde se publican artículos sobre los temas políticos, sociales y culturales de Latinoamérica, que alcanza 2.000 ejemplares y que sólo tiene tres personas (más el becario) trabajando en la oficina.
El ambiente es bastante berlinés, en el Mehringhof (en el barrio de Kreuzberg, der Hof: patio), una de las primeras casas ocupadas en Berlín a finales de la década de 1970, y que ahora, tras los acuerdos con el gobierno para regularizar la situación de todos estos proyectos, pertenece a más 20 agrupaciones de todo tipo, que la autogestionan. Este espíritu se respira en todo el bloque y por supuesto, en la revista. Todo es voluntario y se comparte. Al principio es un poco difícil de entender para un españolito de a pie, porque estás esperando que te manden hacer cosas. Pero el sistema es diferente. Se proponen ideas y cada uno tiene que tomar la iniciativa de hacerlas. O simplemente tengo que plantear lo que me apetece hacer o aprender. Es un sistema muy alemán (la “revolución” del 68 y sus repercusiones) que tiene sus ventajas (libertad, iniciativa) pero también sus desventajas (independencia, frialdad).
Cada jueves se junta la redacción para discutir los temas de interés, los artículos que se publicarán, los artículos que hemos recibido, la organización, etc. Normalmente asisten unas 15 personas (yo estoy yendo desde mayo). El fin de semana antes de la impresión, se juntan todos los colaboradores disponibles y se realizan las últimas correcciones de los artículos y la maquetación de la revista. Esto ocurrió el fin de semana pasado y allí estaba yo intentando aprender como funciona el Adobe In-desing en alemán (y que en cuanto aprenda a utilizar, me permitirá hacer mi propia revista, jeje). Y durante la semana he estado preparando una nueva lista de enlaces (con el otro practicante que se va en un mes para México) para la página web. Este mes me han publicado una entrevista que hice a los obreros de Zanón, una fábrica recuperada de Neuquén (Argentina) y que estuvieron este verano por Berlín.
A la práctica se añaden los cursos de alemán (martes y jueves, 4 horas cada día), cursos de inglés (2 horas los martes), y francés (3 horas los miércoles). Ya sé que estoy como un cencerro, pero hay que aprovechar los precios populares berlineses. 15 € por dos horas de inglés a la semana, durante todo el cuatrimestre, era una oferta que mi inglés no podía desaprovechar. Por si esto era poco, en enero empiezo un master on-line de la UNED de dos años de duración, para ser profesor de ELE (español para extranjeros). Al ser vía internet y no tener que ir a clase me parecía una buena oportunidad para poder hacerme profesor de español (titulado, claro está).
Así que como veis, no voy a tener mucho tiempo de aburrirme. Mientras tanto, podéis ir haciendo apuestas de que es lo que dejaré primero (o si será todo a la vez).
Sábado 4-octubre-2008 19:30
Ayer, viernes 3 de octubre, se conmemoraba el decimoctavo aniversario de la reunificación de Alemania, la Wiedervereinigung (la primera unificación sería la que se produjo en el siglo XIX y que dio lugar a la “actual” Alemania). En el año 1990, en un día como ayer, Alemania volvió a ser una nación tras pasarse más de treinta años dividida. Dieciocho años son unos cuantos, y eso me da idea de como pasa el tiempo y lo viejos que nos hacemos. La cuestión es que éste es uno de esos acontecimientos políticos internacionales de los que tengo clara conciencia (junto con la caída del Muro de Berlín). Recuerdo, más o menos, las noticias en la televisión y los periódicos. Aquel extraño y lejano país, dividido por algo que, en aquel momento, yo todavía no tenía muy claro, vivía acontecimientos de suma importancia.
Adónde quiero llegar, es a que esta semana ha sido mi cumpleaños y que he llegado a una cifra mágica, los 30, lo que me convierten de lleno en una persona adulta y madura. Supongo que cuando se habla de la “crisis de los 30” nos referimos a ese momento en el que uno empieza a reflexionar y a decir, vaya, he llegado a la mitad de mi vida (aproximadamente) y ¿qué es lo que he hecho?; pero todavía más importante, ¿qué es lo que no he hecho? Ya no queda mucho tiempo para tomar decisiones en falso (pero ya veréis como alguna cae).
Dado que ayer era fiesta y el Deutches Historiches Museum era gratuito, fuimos a visitarlo. Una planta estaba dedicada a la historia alemana desde que los romanos decidieron adentrarse en los bosques germanos hasta finales del siglo XIX y otra para todo el siglo XX (lo que da una idea de lo que ha significado este siglo para Alemania).
Y después aprovechamos que también era la Jornada de puertas abiertas en las mezquitas, para ir a conocer una que se encuentra ubicada en el barrio de Kreuzberg. Durante una hora estuvieron explicándonos los componentes imprescindibles que cualquier mezquita tiene que tener, como se reza (dirección a La Meca, y en este caso era una alfombra preciosa la que indica hacia dónde se dirige el rezo), las funciones que ejerce una mezquita (que no son sólo religiosas sino también sociales y educativas; me refiero, por ejemplo, a las madrazas), las abluciones (purificación ritual), en que consiste el Islam, los pilares básicos, las diferentes interpretaciones que existen del Corán, etc, etc. Después, la charla derivó en la obligatoriedad o no de llevar velo (la explicación la daba una chica turca, muy agradable, que tenía su cabeza cubierta), y por supuesto, no se llegó a ninguna conclusión. Pero lo más interesante fue la oportunidad de poder asistir al rezo en sí mismo. Ya había visitado algunas mezquitas, pero nunca había tenido la oportunidad de asistir a la “ceremonia”, dirigida por el imán. Primero los cánticos del muecín, llamando (adhan) a uno de los cinco rezos diarios (salat). Todos los hombres (las mujeres tienen otro espacio reservado para ellas) se alinean detrás del imán, hombro con hombro. En definitiva no se diferenciaba mucho de una ceremonia católica, más que en sus aspectos más superficiales. Hay una persona que dirige el rezo, se realizan genuflexiones en dirección a una especie de capilla (de la que no recuerdo el nombre), se pide perdón por los pecados cometidos y se promete ser más bueno para la próxima vez.
Fue una experiencia interesante y además permite el acercamiento entre culturas y religiones. Y sobre todo nos ayuda a entender que somos mucho más parecidos de los que nos creemos.
Martes 23-septiembre-2008 16:45
Ya sé, ya sé que hace muchos meses que no escribo, que la mayoría de la gente ya no se acordará ni de quién soy ni de lo que estaba haciendo por Berlín, que habrá gente que dirá, “pero que pesado, ¿sigue escribiendo?” o “¿no se había vuelto ya?”. Pues no. Por aquí ando, dispuesto a seguir dando guerra. La rotura de la muñeca izquierda (jugando al fútbol, después de quince años sin practicar este deporte), los exámenes, el sol, el verano, la pereza, la cerveza (que buena rima) son algunos de los motivos por los que había dejado abandonado el blog. Pero con muchos, esta ha sido la única forma de contacto que hemos tenido en estos meses y os ha servido para saber como me sigue yendo la vida, por lo que he decidido reaparecer.
Primero haré un resumen rápido de estos últimos meses. En junio, en pleno apogeo de Berlín, con un tiempo espléndido, la gente abarrotando las terrazas y los parques, las bicicletas dominando las calles, decidí que era el momento perfecto para recuperar mi forma atlética, así que decidí hacer un poco de deporte. El fútbol callejero siempre ha sido peligroso y más si no se está entrenado. Por ello había optado por quedarme bien recogido en la portería, una posición segura para una vieja gloria. Ese fue el error, porque al tratar de parar un balonazo de uno de los turcos que se pasa la vida en la cancha de fútbol, mi mano decidió comprobar su flexibilidad y doblarse todo lo posible hasta romper mi muñeca. Resultado, seis semanas de baja en pleno verano. Hasta finales de julio estuve escayolado y sin poder bañarme en los lagos que rodean Berlín.
Por otra parte, el curso continuó también hasta finales de julio y a pesar, o quizá gracias a la escayola, conseguí aprobar todas las asignaturas. Hace un par de semanas estuve en Madrid (otro de mis amigos que se casaba) y llevé todos los papeles para que me convalidaran las asignaturas que había cursado en Berlín, con lo que soy un nuevo licenciado. Siete años me ha costado, pero lo he conseguido.
¿El futuro? De momento, me quedo en Berlín 6 meses más. Me han concedido una beca para hacer una prácticas en la revista donde estaba colaborando (Lateinamerika Nachrichten) lo que me permite sobrevivir durante el próximo semestre, así como empezar a hacer un currículum un poco más interesante. Después de todo esto... ya veremos (ideas no me faltan).
Las prácticas no empiezan hasta el 1 de octubre, así que estos días estoy sin mucho que hacer. Me he apuntado a un curso de alemán de la Volkshochschule, escuelas populares alemanas que dan cursos de casi cualquier cosa. El otro entretenimiento de estos días está siendo intentar apuntarme al paro alemán, lo que está suponiendo una auténtica odisea. Mi intención al apuntarme, era ver si por casualidad sale un trabajo interesante o intentar averiguar si ofrecen algunos cursos gratuitos (por ejemplo, de alemán). Desde que llegué hace un par de semanas lo esto intentando y todavía no lo he conseguido. Parece que existir una confabulación burocrática para impedir que los extranjeros se apunten al paro.
Todo lo que me ha ocurrido estos días me recuerda al famoso artículo de Larra “Vuelva usted mañana”. El primer día me acerqué al Jobcenter, dónde me remitieron a la Agentur für Arbeit (Agencia para el trabajo) para conseguir un documento que me faltaba. En ambas oficinas tuve que esperar por lo menos media hora de cola. En esta segunda agencia me solicitaban un nuevo papel, la Freizüzigkeiterklarung, para poder obtener el primer papel (y de cuyo nombre no me acuerdo). Para conseguirlo tenía que ir al ayuntamiento del distrito. Allí me dirigí y tras otros veinte minutos de espera, me dicen que la sección que se encarga de dicho “papelito” está en huelga y que si puedo “volver mañana”. Primer día y no había conseguido apuntarme en ningún sitio. Al día siguiente volví al ayuntamiento y tras volver a esperar la oportuna cola, me informan de que como llevo más de un año viviendo en Berlín, ya no les corresponde a ellos realizar ese trámite, sino que tengo que ir a la oficina de extranjería (Ausländerbehörde). Una vez que estoy allí, que espero la cola, que relleno los papeles y demás requisitos burocráticos, la funcionaria me pregunta que si lo que estoy haciendo es para buscar trabajo. “Sí, señora” es mi respuesta en un perfecto alemán. Pues entonces necesita que le sellen primero esta solicitud en la Agentur für Arbeit, a la que ya no me daba tiempo a llegar ese día. Con un poco de mosqueo, porque llevaba tres días para conseguir el primer papel, volví al día siguiente a la dichosa oficina dónde tras las respectivas colas y esperas, me hicieron el papel en menos de 10 segundos, porque sólo necesitaba un sello (¡ya podían tener el sello en la otra oficina!). Por supuesto ese día no podía volver a la oficina de extranjería porque estaba cerrada, el jueves, como ya me advirtiera la funcionaria, era mejor no ir porque había siempre mucha gente (y tenía razón, así que me di el paseo en balde) y el viernes volvían a cerrar. Así que el lunes volví a ir a la oficina bien temprano, esperé la cola, entregué todos los documentos necesarios y tras los papeleos oportunos la funcionaria me dice que me llegará por correo... ¡en seis semanas! Le digo que lo necesito antes y me dice que si quiero, puedo volver a las 7 de la mañana alguno de los días que abren e intentar conseguir una cita (para lo que hay que estar mucho antes de las 7, porque se forman grandes colas). La verdad es que se me quitan las ganas de apuntarme a ningún lado, pero he decidido hacerlo, aunque sólo sea para fastidiarles las estadísticas.
Miércoles 21-mayo-2008 19:00
Ante las repetidas amenazas que han llegado a mi correo en los últimos días, me veo obligado sin más demora a reanudar las narraciones de mis andanzas por Berlín. Lo primero, aprovechar para pedir disculpas por teneros tan desinformados. Pero la culpa no ha sido mía, sino del maravilloso tiempo que ha estado haciendo en Berlín desde que volví de España hace casi...¡¡un mes!! No he tenido más opción que estar todo el día en la calle.
Cómo decíamos ayer...
La visita a España, de nuevo fugaz, tenía como objetivo primordial asistir a la boda de David y Esther (muy guapos ellos), conocer a Karlitos Guerra Anievas (muy guapo él) y veros a todos los posibles (muy guapos todos). Madrid me acogió con lluvia y mal tiempo, después de haberme prometido que se vestiría de gala para recibirme.
Volvía a Berlín resignado a que todavía tendría que esperar unos meses para poder ver el sol en todo su esplendor, pero no ha sido así. Berlín me ha dedicado un mes de buen tiempo, prácticamente ininterrumpido (esta semana ha estado flojeando un poco). La ciudad vuelve a parecerse a esa magnífica ciudad que me cautivó cuando llegué en el mes de julio (hace casi 11 meses), las bicicletas han tomado las calles, las terrazas están a rebosar, los fines de semana los parques se llenan de barbacoas y familias que disfrutan del calor. La gente sonríe más, habla más, hace más cosas. La ciudad parece revivir. ¿Estaba dormida? No lo parecía, pero ahora me doy cuenta de que sí que estaba dormida, de que todos estábamos dormidos. La ciudad seguía su ritmo sereno, tranquilo, pero una vez ha salido del estado de hibernación, todo vuelve a la vida. Creo que empieza la mejor época para disfrutar de Berlín y tengo cuatro meses de luz y sol por delante. Ese mismo sol que me está despertando todos los días a las 7 de la mañana porque brilla a rabiar. Ya no me acordaba de esos pequeños detalles. ¿Cuándo traerán a este país el maravilloso invento de las persianas? Ni me acordaba de las tormentas repentinas (y casi veraniegas) que refrescan el aire y dejan un olor especial en el ambiente (y que siempre empiezan cuando estás volviendo a casa, pedaleando, desde la otra punta de la ciudad). El hecho de que estén tan marcadas las estaciones, ayuda a mantener el ritmo vital. En invierno, todos a casa. En verano, todos a la calle.
Y como ha empezado el buen tiempo, pues me he comprado otra bici. Todo deriva de mi manifiesta inutilidad para reparar la antigua, que todavía sigue criando óxido en el jardín. Iluso de mí, quería comprarme una bici nueva, pero de un precio que rondara los 100€, lo que aquí es imposible (la más barata no baja de los 250), así que me decidí, de nuevo, por una de segunda mano. Saltándome todas aquellas normas morales que me inculcó Mar el verano pasado, acerca de las bicis robadas, esta vez me dirigí directamente al mercadillo más barato. La experiencia me ha hecho entender que es imposible saber si una bici es robada o no, por lo que se aplica el principio de culpabilidad. Todas las bicis del mercadillo son de dudosa procedencia. Partiendo de ese hecho, sólo me quedaba tratar de obtener el precio más barato posible. Y esa misma experiencia también ha hecho que consiga una bici mucho mejor que la que tenía antes, más nueva, más consistente, con “casi” todas sus piezas y por 35€, es decir, 15€ menos de lo que me costó en su momento la otra (y que por si no os acordáis, porque yo si que me acuerdo, me duró 2 meses). Así que he vuelto a las calles y parece como si no hubiese pasado el tiempo desde el último verano (sobre todo porque me sigo perdiendo igual que antes).
En este lapso, también he comenzado de nuevo las clases en la universidad. Respecto a las notas del semestre pasado (todavía me falta por saber una, que aquí se toman todos los temas lectivos con calma), informo de que saqué una segunda matrícula y dos sobresalientes. Esto supone que he tenido que venir a más de 3.000 kms de mi facultad para firmar mi mejor parcial como estudiante. Durante este semestre asistiré a 6 asignaturas, tres de historia y otras tres en el Instituto Latinoamericano. Dos de estas últimas serán además en español (y no las elegí por eso, si no por la temática y los profesores). Ya os contaré más cosas al respecto. Parece que este semestre no tendré que hacer más que un referat y en español, lo que facilitará, y mucho, la tarea. Cuando creía que ya poco me podía sorprender de la universidad alemana, lo han vuelto a conseguir. Lo último, la semana pasada, la chica que se sentaba al lado mío vino a clase con su perro. Es verdad que no era un perro muy grande, pero era un perro, lo prometo. Yo sigo con la postura de no dejarme impresionar, así que me limité a acariciar al perro cuando se me acercó pidiendo un poco de cariño (o de alimento). Yo no digo que el perro no tenga derecho a una educación, pero...
Y para terminar un resumen rápido de los acontecimientos más destacables de este mes. Por una parte está el 1º de mayo, dónde participé con un grupo de latinoamericanos que hemos formado una especie de tertulia para discutir de política y actualidad y de paso organizarnos para apoyar a los inmigrantes (ya que la UE se ha organizado para expulsarlos y criminalizarlos). Así que hicimos una pancarta en español y nos plantamos entre todos los obreros alemanes. Hace un par de fines de semana se celebró en Berlín el Carnaval de las Culturas y también participamos con un grupo peruano. Nos disfrazamos de dioses andinos y estuvimos durante 6 horas recorriendo las calles de Berlín (también con otra pancarta). Resultado, ganamos el tercer premio del festival y nos hicieron una pequeña entrevista para Radio Multikulti, una emisora berlinesa que se ocupa un poco de la “multiculturalidad”. Qué más, qué más. También he empezado a jugar al baloncesto los fines de semana en Mauerpark, con la consiguiente semana de agujetas. Colaboro desde hace un par de semanas con la revista Lateinamerika Nachrichten (Noticias de Latinoamérica) y quizá en breve empiece mi carrera de periodista, nunca se sabe. Qué más, qué más. Este semestre he empezado de nuevo, tras 10 años, con el inglés. Como el nivel más bajo al que podía asistir sin tener que pagar un pastón era el mismo que tengo en la actualidad de alemán (que no es el caso), tuve que hacer algunas “trampillas” para poder meterme en el curso. El resultado de este diferencial entre mi nivel y el del resto de la clase es que la profesora, una neozelandesa muy simpática, me mira con cara de “¿qué les enseñarán a estos en España?” (Pero sólo cuando me toca abrir la boca). Y por último, para terminar este rápido informe del mes, anuncio que ayer hice una prueba de trabajo. Otra vez en un restaurante español (¿conseguiré salir del mundillo de la hostelería? La verdad es que me lo paso bien, pero...). Es un restaurante enorme, debe haber unos 20 camareros (sólo uno español), con mucha actividad y ajetreo. Si me aceptan empezaría la próxima semana.
Y ya si que sí, por último, que me esperan para tomar una cervecita, explicar los proyectos de futuro. Me quedan un par de meses de clase para terminar la carrera de historia (si todo sale bien, claro). Así que tengo que empezar a buscar ocupaciones para el año que viene. De momento he sido rechazado en todas las becas que he pedido, otras se retrasan hasta que no tenga el título de licenciado y pueda incorporarme a algunas prácticas de manera inmediata. La semana que viene debería tener una cita con un profesor de la facultad para conocer las posibilidades que tengo de empezar el doctorado aquí en Berlín. Pero he decidido no agobiarme hasta septiembre, cuándo comience un nuevo tramo de mi vida: la vuelta al mundo adulto, al mundo laboral. ¿Seré capaz de asumir este nuevo reto después de un año sabático (o casi)?
Lunes 7-abril-2008 11:45 Día: 279
Otra semana de vacaciones y esto empieza a hacerse demasiado largo. Necesito actividad ya. Cómo sea. No termino de acostumbrarme a esta vida de relax...
Esta semana pasada, el 1 de abril, hizo un año que dejé de trabajar. Será casualidad, pero Ese día se celebraba en Alemania el Aprilscherz, que viene a ser cómo el Día de los Santos Inocentes en España. La costumbre es hacer bromas a todo bicho viviente y en vez del acostumbrado “Inocente, inocente”, pasamos al “April, april”. En gran parte de Europa se celebra este día y todos se extrañan cuando los españoles decimos que nosotros lo celebramos el 28 de diciembre. Especiales que somos.
Hace un año mi vida era totalmente distinta a la que tengo hoy en día. El tiempo pasa veloz y hoy soy un año más viejo que aquél día en el que me despedí de mi querida “estación”. Creo que el balance de este año es positivo. Por lo menos desde el punto de vista personal. Tener planes, objetivos e ilusiones siempre ayuda a tener una sonrisa más grande (que al fin y al cabo debe ser uno de los objetivos de la vida, tratar de ser un poco felices). ¿Qué poseo tras un año a la intemperie? Quizá tenga menos cosas materiales, pero si es cierto que tengo más planes e ilusiones que antes. Y también sé un poco más de alemán del que sabía antes. Y eso se vendrá conmigo hasta el final de mis días (es un decir, porque cómo no lo practique, se me olvida en 15 días). Hace un año me preguntaba cómo sería mi vida el año siguiente (el dónde ya estaba decidido).
Hoy me pregunto dónde estaré el próximo año. En estos meses tengo que decidir que es lo que haré, por lo menos, durante una temporada. La vida de estudiante se termina y es tiempo de decisiones. La idea es seguir en Berlín. Me gustaría conseguir algo interesante aquí, porque la ciudad me gusta. Es un lugar tranquilo, barato, activo y sobre todo, me permite mejorar mi alemán (que para eso me vine). Pero no debería quedarme en esta ciudad más de dos años (es demasiado gélida para un español).
Hoy ha sido día de matriculaciones para el siguiente semestre. Estas semanas de vacaciones, recibiendo y estando en contacto con gente que no habla alemán, me han hecho entender la urgente necesidad que tengo de estudiar inglés, así que para el próximo semestre me he apuntado en el curso Academic Writing and Reading: Getting started (pagar 30 euros por 4 horas semanales de clase es una oportunidad que no debo desaprovechar. Con estos precios, es fácil aprender idiomas, a ver si toman nota en la universidad española). El nivel más bajo en el que podía inscribirme, se corresponde con mi nivel actual de alemán, por lo que presupongo que los primeros días en esas clases van a ser bastante “divertidos”. Espero que no me echen el primer día. Para impedirlo, estoy aprovechando estos días para hacer repaso de la gramática inglesa. Y tras años de fracasos lingüísticos, de estrellarme con la barrera del inglés, por primera vez en mi vida, el inglés me parece sencillo. Todo gracias a la pxxx gramática alemana, que será muy divertida, pero que me sigue dando dolores de cabeza. Nada de poner el verbo al final de la frase, nada de saber si la palabra es masculina, femenina o neutra, nada de Nominativ, Akkusativ, Dativ o Genitiv. El inglés me parece ahora un paraíso, dónde todo es comprensible y nada complicado (que nadie se crea que ya domino el inglés, sólo es una ingenua apreciación tras tres días de repaso de inglés, en el que todo es tan “parecido” al español...).
Y si creía que por fin iba a estar unos días sin tener que acomodar a nadie en mi cuarto, me había equivocado. Mis colegas polacos se han ido una semana de vacaciones a Italia, así que ahora comparto las horas y mi espacio vital con una “ratita presumida”. Tengo una semana para aprender a amar a los roedores y a pesar de que cada vez nuestra relación es más fluida, no puedo dejar de dar un brinco cada vez que se me engancha a una pierna. Hace pocos días terminé de leer La peste de Albert Camus, lo que no ha ayudado mucho a mejorar mi “injustificado” temor ante las ratas. Ahora duerme tranquila en un rincón de su jaula...
Lunes 31-marzo-2008 12:30 Día: 272
Después de tres semanas sin escribir en el blog, de teneros muy desinformados, espero que la vuelta a la rutina me devuelva tiempo para continuar con mis “crónicas berlinesas”.
Primero, informe climatológico. Tras casi veinte días de un tiempo terrible, hoy brilla, por primera vez en mucho tiempo, un sol espléndido. Es una buena forma de empezar la semana. Hasta el miércoles de la semana pasada ha estado nevando durante diez días, con temperaturas siempre bajo cero. La primavera se negaba a asomar su cabecita por estas latitudes.
Otra buena forma de empezar el día y la semana (y de terminar el mes, ¡Dios mío, ya estamos en abril!) ha sido un delicioso desayuno de tostadas, primero con tomate y aceite, y después con mantequilla y mermelada. Adoro estos desayunos que duran una hora (o lo que tengan que durar), sin prisas, conversando, escuchando la radio, de buen humor.
La última vez que escribí estaba a punto de irme a Praga a pasar una semanita a casa de mi amiga Katja. Finalmente la huelga de transportes se suspendió y pude ir al punto de encuentro con la persona que nos llevaba, en tren, evitándome así una larga caminata. Es un placer visitar una de las capitales más bellas de Europa y que te la pueda enseñar alguien autóctono. Vida de vacaciones, salir todos los días, exposiciones, conciertos, pasear. Disfruté, por un euro (eso es cultura barata y no se debe a que los precios sean inferiores en Praga que en el resto de Europa, sino a que todavía se mantienen ciertas “buenas costumbres”), de dos deliciosas piezas de ballet (La Sylphide y Napoli) en el Teatro Nacional de Praga. En los numerosos auditorios de la ciudad había teatro, opera, ballet o conciertos a diario, con precios irrisorios, incluso para los propios checos.
A la vuelta de Praga, llegó la visita de mi hermano y de Noelia. Con ellos llegó también el frío invernal, las nevadas diarias, y los desayunos tranquilos mientras nos desperezábamos tras una larga noche. Tengo la impresión de que les gustó mucho Berlín y de que lo pasaron bastante bien. Una semana en Berlín da tiempo a inspeccionar muchos de los rincones maravillosos de esta ciudad, a alquilar una bici y luchar contra las ventiscas de nieve o a tomarse un vino caliente cada vez que descubres que has vuelto a salir de casa con poca ropa. Ellos me enseñaron la taberna del barrio dónde fraguamos una amistad eterna, bañada esta vez con cerveza, que nos unió para siempre con los parroquianos.
El lunes pasado a las siete de la mañana se volvían para Madrid. A las 15 llegaba Alberto, un compañero de la facultad, dispuesto a comerse la ciudad. Mis fuerzas empezaban a flaquear, pero he conseguido superar otra semana de visitas y salidas nocturnas. Hace un ratito se ha marchado para coger el avión que nos devolverá, a él a Madrid, y a mi a la vida tranquila. Os quiero mucho a todos, pero tres semanas de compromisos diarios (y nocturnos) agotan a cualquiera. Muy divertido pero necesitaba un poco de calma, de vuelta a mi relajada vida berlinesa.
Y relajada va a seguir porque de momento sigo sin trabajo. El centro de llamadas dónde iba a trabajar me ha informado amablemente de que, por lo menos hasta mayo, no cuentan con mis servicios. El 16 de abril voy para Madrid (se casan David y Esther y tengo que conocer a Carlitos), así que me resultará un poco difícil encontrar un trabajo sólo para 15 días. En la bolsa de trabajo de la universidad suele haber ofertas para un día, así que lo mismo pruebo suerte allí. O si no, me tocará esperar relajadamente al comienzo de las clases el 15 de abril y reforzar mi alemán, que tras estas semanas de “españolismo” se ha vuelto a resentir. También debo elegir las asignaturas para el próximo semestre y ponerme, ahora sí realmente en serio, a buscar unas prácticas que me solucionen por lo menos el verano que viene. Todavía me queda la mitad del Erasmus, pero mi vida de estudiante se acerca peligrosamente a su fin y tengo que empezar a tomar decisiones. Prácticas o doctorado en Alemania se presentan como las opciones más apetecibles, pero también las más complicadas. Veremos.
Durante estas semanas me dio tiempo a terminar el último trabajo de este semestre y la traducción para el zoológico. Me ha resultado muy interesante poder hacerla y comprobar lo complicado que es hacer una buena traducción (y no lo digo porque la mía haya sido buena, que seguro que tiene bastantes errores de principiante). ¿Hay que intentar ser lo más fiel posible al texto o lo más fiel posible al significado? Me refiero, a tratar de hacer una traducción más literal, o a intentar que suene lo mejor posible en español. Mi opción ha sido, una mezcla de los dos, pero resulta difícil saber dónde están los límites, y en eso supongo que se diferencian los buenos traductores. Por otra parte, la traducción me ha ayudado a ampliar mis conocimientos sobre el reino animal. Porque, no sé si lo dije ya, la traducción era para el zoológico berlinés y referente a los animales en peligro de extinción. ¿Alguno sabías que es un hueso sesamoide?
Mis planes para hacer un estudio en el museo etnológico se han trastornado un poco (¡parecía todo tan fácil!). Mi amable interlocutora me ha pedido que le desarrolle un proyecto de lo que quiero hacer, objetivos, forma, tiempo de duración, etc, lo cual va mucho más allá de mis intenciones iniciales (que eran poner el primer pie en el museo, para que ya no me pudieran echar de allí en una temporada). Trataré de desarrollar un proyecto sencillito, pero no tengo ya demasiadas ilusiones de que vaya a funcionar tan fácilmente como imaginaba en un principio. Así que estoy de momento sin trabajo, sin prácticas y sin posibilidad inmediata de adentrarme en el Museo.
Por último y para tirarme unas cuantas flores, os comunico que he recibido 1,0 en mi trabajo sobre la cerámica Coclé, lo que en mis notas españolas debería traducirse como una matrícula de honor (espero).
Viernes 7-marzo-2008 18:45 Día: 248
Sigo de vacaciones. Después de la euforia “laboral” del último día, llegó la realidad. El miércoles me llamaron para explicarme que el primer curso de “enseñanza de cómo vender lotería a un españolito”, que se realizaba esta semana, estaba ya completo, y que me llamarían para el siguiente curso, es decir, para la siguiente semana. ¿Será sólo una excusa? Quizá. Primero tuve dudas sobre que hacer. ¿Debía seguir mi programa e irme la semana que viene a Praga y disfrutar unos días en la “Ciudad Dorada”, el hogar de Kafka, pasear a orillas del río Moldava, disfrutando de sus más de cien torres, de sus cervezas a un euro? ¿O permanecer sentado esperando que me llamen para ese trabajo? Por una vez, decidí actuar como un Erasmus y escapar de la realidad berlinesa.
En Alemania, los billetes de tren son bastante caros y los enlaces por autobús no son, ni tan habituales ni tan baratos como en España, ya que no es un medio de transporte muy utilizado. El sistema que usaré para desplazarme a la capital de Bohemia es el de compartir un coche con uno o varios desconocidos, es decir, Mitfahrgelegenheit. Existen páginas especializadas en Internet, en las que la gente pone un anuncio detallando adonde va a viajar en los próximos días con la idea de buscar compañeros de viaje para compartir gastos. Aquí, es un sistema muy común por la relación calidad-precio, y yo soy de los de “dónde fueres, haz lo que vieres”, así que he optado por él. El viaje hasta Praga, 18 euros.
Pero, hay un pero. El pero es que salgo a las 5:30 de la mañana del lunes (algún fallo tenía que tener y es que la gente no viaja a Praga tan habitualmente como yo pensaba, así que ésta era mi única opción en los primeros tres días de la semana). Para más inri, y por si no os habíais enterado, Alemania está en huelga. Berlín lleva una semana sin metro (U-Bahn), sin autobuses y sin tranvías. La cosa se va a alargar hasta la Semana Santa. El próximo lunes, se une a esta huelga de la BVG (Berliner Verkehrsbetrieben- la empresa de transportes públicos), una huelga del S-bahn, el metro que va por la superficie (que quizá podría compararse con el Cercanías en España, pero que circulan por toda la ciudad, cómo el metro). Esto significa, que Berlín se queda sin transporte público. Y cuando digo se queda sin, es que se queda sin. Las huelgas de transportes que he vivido durante estos meses en Berlín, que deben ir ya por la decena, son así. El metro se cierra a cal y canto, no hay servicios mínimos. Ningún tranvía circula. Ningún autobús realiza su recorrido. El S-bahn suele ser una excepción, y circula un tren cada hora.
Así que me encuentro con el problema de cómo ir hasta la otra punta de la ciudad el lunes a las 5:30 de la mañana. Opciones: ir con el último tren de la noche, es decir, a medianoche; o ir caminando desde mi casa hasta el punto de encuentro que según la guía michelín se encuentra a, redoble de tambores, 19 Km de mi casa. La verdad es que me ha salido perfecto el “plan de ahorro”. Ayer había quedado en el centro de la ciudad e intenté llegar hasta mi cita caminando. Lo hice a ritmo rápido para ver cuanto tardaba en caminar los aproximadamente 7,5 km hasta el lugar. Una hora y cuarto después, y tras perderme en un par de ocasiones (con lo que ya no sé cuanto kilómetros hice, porque cuándo me pierdo, me pierdo) llegué al punto de encuentro. Esto daría que en dos horas y media habría recorrido los 19 kilómetros, si no me ha dado algo antes, lo cual es mi probable tras comprobar como he quedado después de mi caminata.
Hace unos años, en otra de las visitas que hice a Juanjo, también fuimos a Praga. El pobre muchacho, nunca mejor dicho, carecía de fondos, así que llevaba yo toda la pasta. El primer día que llegamos, felices de estar caminando por esta maravillosa ciudad, paseando como despistados guiris, se me cayó la cartera con toda la documentación y el dinero. Si no fuera por un amable ciudadano que fue a buscarnos cartera en mano y checo en boca durante unos cuantos metros, todavía seguiríamos allí, pidiendo ayuda para el regreso.
Entre lo más destacable de la semana, es que envié una solicitud al Museo Etnológico para que me dejaran investigar alguna pieza más de la cerámica Coclé y parece que la han aceptado. Debo enviar una planificación de lo que quiero hacer y los días, pero en principio, es una respuesta afirmativa. Sobre este tipo de cerámica escribí uno de los trabajos del semestre y con el profesor de esta asignatura, vimos un par de piezas en el Museo, cuya descripción incorporé también al trabajo. Cómo no responden en el Museo a mi solicitud de prácticas (ya he enviado dos y amenazo con una tercera) he decidido probar por esta otra vía. Lo que no sabe la amable encargada de las colecciones sudamericanas del Museo Etnológico de Berlín, es que una vez que entre allí, no van a conseguir echarme. Pienso hacerme tan “amigo” de ella que no pueda rechazarme como colaborador para el próximo verano. La pobre señora no sabe la que le ha caído encima...
Lunes 3-marzo-2008 16:00 Día: 244
Existen días en la vida de una persona, en los que el destino le tiene un trabajo reservado (quiera o no quiera). Hoy, yo era esa persona (quisiese o no quisiese). A las 9 de la mañana tenía la entrevista para trabajar como teleoperador, prueba a la que he ido sin grandes esperanzas. La información que tenía era que buscaban gente para trabajar la jornada completa, lo que unido a que el trabajo era en español, no me hacía albergar demasiadas ilusiones. Pero como no perdía nada por ir, sólo un poco de tiempo, del que por primera vez en muchos años no ando escaso (esa es mi principal riqueza hoy en día), pues he ido a ver que se “cocía” tras esa oferta.
Mientras esperaba en una sala ha llegado otro chico español, Víctor, un pintor catalán que vino hace un par de años a buscarse la vida en Berlín (esta ciudad esta llena de artistas, sobre todo de artistas españoles en busca de movimiento, de inspiración. Berlín está de moda). Hemos estado un rato charlando y me ha comentado que el trabajaba en una tienda de productos ibéricos (es difícil vivir del arte, también en Berlín, y la inspiración puede estar en cualquier parte, también detrás de un jamón) y que si tenía carnet de conducir, allí necesitaban a gente. Dueños portugueses, 6 euros la hora, y cierto caos al estilo peninsular. Primera oferta de trabajo del día.
Al rato ha llegado la entrevistadora, una alemano-peruana de 60 años, casi más grande que yo, pero muy agradable. Ha explicado en que consistiría nuestra interesante e intelectual labor: venta de lotería a clientes españoles en España. Esta gente pertenece ya a un club de no sé qué, por lo que están informados de nuestra llamada (en Alemania, según ha explicado, es ilegal llamar a la gente a su casa para venderle algo, si no lo han aceptado antes, ¿en España ocurre lo mismo?), por lo que en principio la tarea sería más fácil que ir llamando casa por casa a ver quién quiere lotería. Dudas. “Yo soy estudiante y no puedo trabajar muchas horas”. Kein Problem, las horas que puedas, 15, 20. “Me marcho a España una semana en abril” Kein Problem, puedes irte tranquilamente. Mis dos grandes problemas, solucionados. El sueldo, 8´5 euros la hora fijos, más comisión por las ventas. Por supuesto si no vendes, te vas a la calle, pero supongo que tardarán por lo menos un mes en descubrir mis déficits. Tengo vacaciones pagadas, cada mes recibo 50€ para el móvil (la empresa pertenece a una multinacional telefónica holandesa, no me preguntéis cual), rebajas en el transporte, y alguna que otra historia más. Muchas ventajas para un estudiante ávido de dinero “fácil”.
Después nos ha dado una vuelta por el Call-Center, dónde trabaja gente de todas partes: portugueses, escandinav@s, franceses, etc, etc. Tienen una sección de australianos que trabajan toda la noche hasta las 10 de la mañana, llamando a Australia. A pesar de que el trabajo sea en español, por lo menos hay gente de todo el mundo, incluso alemanes, así que podría practicar un poco mi alemán o incluso mi “olvidadoenelúltimorincóndemicerebro” inglés. Todo muy “europeo”, con una sala para tomar café, una cesta con manzanas para los empleados, unos ventanales enormes con muchísima luz. No es seguro 100%, pero parece que nos van a llamar mañana o pasado para empezar un curso de formación de tres días (también pagado). Segunda oferta de trabajo del día. Por cierto, esta oferta me obligaría a cancelar mi viaje de la semana que viene a Praga, o por lo menos, a reducirlo al fin de semana.
Más tarde he ido a la embajada española para ver si podía votar. Error. El plazo se terminaba ayer (fallo mío). Glups. Me ahorro los comentarios, que bastante tendréis en España con la campaña electoral y hoy toca hablar de mi libro (glups! de mi búsqueda de trabajo).
Me he ido para la Universidad porque ya había cumplimentado las obligaciones de la jornada (esta vida de estudiante va a acabar conmigo) y había decidido dedicar el resto del día a estudiar un poco de alemán. Pero al rato he recibido una llamada de la amiga de mi amiga, para el tema de la traducción. Esta vez no hemos quedado en el bar de la esquina, sino en su oficina. Me ha enseñado el texto a traducir, 10 folios (la mitad de ellos con dibujos) con descripciones sobre diez animales. He leído un poco y no parecía excesivamente difícil. Tiempo estimado de traducción, 10 horas, a 12 € la hora. Ya he firmado el contrato y me mandará el texto en un par de semanas (el trabajo es para el zoológico, y allí tienen que dar el visto bueno del texto en alemán, porque lo redactaron hace 10 años y quizá quieran cambiar algo). Tercera oferta de trabajo del día, ésta, firmada y sellada. Ya sabía yo que no tenía que levantarme de la cama.
Tratando de apaciguar la euforia de la mañana y reflexionando sobre las ofertas. Parece que el trabajo de teleoperador no estaría mal del todo, por lo menos para una temporada. Cambiar de sector, me vendrá bien. De todas maneras seguiré buscando un puesto más interesante, algo relacionado con la historia. Tantearé durante los próximos días los museos de la ciudad. Se acerca la primavera y el verano, Berlín se vuelve más apetecible y los turistas llegarán sedientos de datos. Y qué mejor que un instruido (y leído) historiador les explique a la perfección todo lo que necesitan saber. Veremos que opinan sobre esto los museos.
Domingo 2-marzo-2008 8:25 Día:243
La tormenta “Emma” está haciendo de las suyas por Alemania. Para ayer anunciaban vientos de entre 120 y 150 kilómetros por hora y parece que hoy va a continuar. Ante tal panorama, ayer por la noche decidí quedarme en casita, disfrutando de una deliciosa cena y una película. Y eso hace que esté, hoy domingo, levantado tan pronto. Afuera continúa la lluvia y no parece que vaya a ser un día muy agradable.
A las once de la mañana empiezo a trabajar y la jornada se alarga hasta las seis de la tarde. La semana pasada estuve hablando con mi jefa y finalmente me quedo hasta el 9 de marzo. Así que éste será mi penúltimo fin de semana. Se acabaron los “Hat es Ihnen geschmeckt? (¿Les ha gustado?). Por lo menos de momento. A partir de ahora, toca empezar a buscar otra cosa. Por casualidades de la vida, ayer apareció por el restaurante durante mi turno, uno de los ayudantes de cocina, al que yo no conocía, buscando a la jefa para hablar con ella. La jefa no estaba así que me dejó el recado a mí. La cuestión es que dejaba el puesto, porque había encontrado otro trabajo dónde pagaban mejor y dónde, olalá, necesitaban más gente. Así que el lunes por la mañana tengo una entrevista. Me parece que es para trabajar como teleoperador, otro de esos muchos trabajos pensados para sobrevivir, y además sería en español (lo que tampoco me apetece demasiado), pero por enterarme de lo que hay... Por otra parte, me han propuesto hacer una pequeña traducción del alemán al español para unos panfletos del zoológico. No necesitan algo profesional, sólo algo para salir del paso, pero sería remunerado y por lo menos mucho más estimulante. Aunque tampoco es nada seguro, ya que la oferta vino a través de la amiga de una amiga, en un escenario tan profesional como el bar de la esquina, entre la tercera y la cuarta cerveza.
Esta semana estuve unos días en Poznan, ciudad del oeste de Polonia, en casa de unos amigos polacos. La historia de Polonia es la historia de un país que ha tenido que pelearse siempre con sus dos vecinos mayores, Alemania y Rusia. Ninguno de estos dos países es demasiado apreciado por allí, en especial los rusos. No en vano, Polonia es uno de los países más proamericanos de la región. El hecho es que Poznan, en alemán Posen, ha pertenecido en varias ocasiones a su vecino germano. La última de las veces, durante la Segunda Guerra Mundial. El 1 de septiembre de 1939 los soldados alemanes atravesaban la frontera polaca, lo que dio comienzo a ese conflicto, y el 2 de septiembre habían ocupado ya Poznan. En el museo de la ciudad he visto los carteles nazis en los que anuncian la ocupación, el cambio de nombre de todos los barrios de la ciudad (pasando de polaco a alemán) o que cualquier actitud hostil de los habitantes sería respondida con disparos (vaya usted a saber lo que era “actitud hostil”). Pero por otra parte, muchos de los edificios más bellos corresponden a la época en la que la ciudad pertenecía a la Prusia guillermina, a finales del siglo XIX. Otra de las zonas más interesantes, es la plaza mayor, que me recuerda a la plaza mayor de Cracovia, aunque en dimensiones mucho más reducidas. Las fachadas de las antiguas casas de los comerciantes se encuentran decoradas con vivos colores y en el centro de la misma, se sitúa el ayuntamiento.
Polonia está empezando a convertirse en un país moderno. Hace 6 años, cuando la visité, todo era realmente antiguo: los autobuses, los tranvías, los coches, los edificios. En este viaje he podido apreciar ciertos cambios. Todavía la mayoría de la ciudad mantiene un aspecto desvencijado, muchos de los tranvías son de la época soviética y las autopistas son la excepción. Pero ya se pueden ver enormes y modernos centros comerciales (uno de los más grandes que he visto nunca, aunque no soy muy asiduo a ellos) o coches último modelo. El dinero de la Unión Europea está empezando a entrar, se ven obras públicas financiadas con esos fondos. Para la Eurocopa de fútbol de dentro de cuatro años se anuncian la construcción de varias autopistas.
Pero también se puede ver como la gente se ha vuelto más consumista. Las niñas van con los últimos modelos y complementos, nadie quiere oír hablar de la época comunista y la única obsesión es ganar dinero. Mis amigos son gente sin problemas económicos en Polonia (en Alemania su situación cambia, en Polonia todavía se puede vivir con 300 euros al mes), estudian en la universidad, hablan varios idiomas, son gente culta. Y una de sus principales obsesiones es ganar mucho dinero en el oeste. El capitalismo ha entrado con fuerza en estas zonas de Europa. Esto me recuerda a la película “Tres colores: Blanco” del director polaco Krzysztof Kieslowski, dónde parte de la historia cuenta como un polaco se hace rico en la Polonia post-comunista.
Los tiempos en los que Juanjo y yo tardamos 8 horas en recorrer 400 kilómetros en un autobús que no aceleraba todo el rato, supongo que para ahorra gasolina, y que tenía la portezuela del motor abierta para que se ventilara, tienen, en este país, los días contados (supongo que para alegría de los propios polacos).
Viernes 22-febrero-2008 15:10 Día: 234
Después de teneros abandonados unas semanas, parece que el río vuelve a su cauce y que tendré un poco más de tiempo para contaros mis avances alemanes. Un Erasmus, por principio, no debería estresarse en época de exámenes, pero yo lo he conseguido. Esta última semana he estado escribiendo mis trabajos de fin de semestre (y despidiendo a la gente que se quedaba sólo la primera parte del curso), así que no he andado escaso de tiempo. A día de hoy, puedo informaros de que ya he hecho cuatro trabajos y de que aún me faltan dos. Uno espero tenerlo terminado antes del martes y el otro parece que, en contra de mis deseos, se va a alargar un poco más.
La idea de terminar este dichoso trabajo, una recensión sobre el libro Geschichte der Globalisierung (Historia de la globalización) de Jürgen Osterhammel y Niels P. Petersson, antes del martes, es porque me voy unos días a Poznan, en Polonia. De allí son la pareja polaca dueños de la rata, que amablemente me han invitado a conocer su ciudad. A mediados de marzo me voy también a visitar Praga. Una de las ventajas de estudiar con gente de toda Europa, es que luego tienes casas por todas partes; además de lo que implica que alguien de la propia ciudad se moleste en enseñarte los sitios más suculentos.
Ya he recibido mis primeras notas en Alemania y de momento todo ha ido bien. En mis clases de alemán he sido “galardonado” con un 2,3 en el curso general y con un 2 en el de gramática. Sé que a primera vista no parece mucho, pero debo explicaros que el sistema de calificaciones alemán difiere un poco del español (y no soy tan inútil como muchos habréis pensado al leer las notas). La nota máxima en Alemania es el 1 y hasta el 4, se considera un aprobado. Del 4 al 5 es un suspenso como la copa de un pino. Así que estas notas equivaldrían a un notable español (según una regla de tres que aplico a ojo de buen cubero). De todas maneras no me sirven de nada porque en España no me convalidan estos cursos.
La nota que si me convalidan es un 2,7 (que yo sigo considerando un notable, raspado, pero notable) en la asignatura Der Ost-West Konflikt, 1917-1990. El trabajo que entregué trataba de demostrar como en la Guerra Civil Española también se habían enfrentado las distintas formas de entender el mundo (Weltanschauungen, que ganas tenía de utilizar esta palabra en un trabajo), que en esta asignatura denominan conflicto entre este y oeste, y que principalmente se refiere a los dos bloques formados tras la Segunda Guerra Mundial, y que habían empezado a formarse a partir de 1917 con la Revolución Rusa. La fecha de 1990 alude a la caída del bloque soviético. Yo creía que, dentro de mis limitadas posibilidades idiomáticas, había realizado un buen trabajo. Pero al ir a recogerlo me encontré cada hoja del mismo con no menos de 20 correcciones gramaticales cada una (el trabajo estaba en alemán, en español creo que no habría habido tantas). Tras un primer “schock” y pensar en lo inútil que soy con este idioma, del que todavía me queda muchísimo que aprender, me autoestimulé pensando que no estaba tan mal para un primer trabajo escrito. Ningún alemán me lo había corregido (mi compañero de piso paso de que me corrija los trabajos, después de la mala cara que me puso la última vez. Cómo son estos alemanes, cuando se ponen bordes), así que puedo darme con un canto en los dientes de que mi profesora haya conseguido entenderlo. Y un repaso más exhaustivo del texto me habría ahorrado un 30% de esos fallos. Finalmente, me añadió una nota en la que la frase final dice Das Verständnis Ihrer Argumente wird durch die sprachlichen Schwächen Ihres Textes sehr erschwert! (que en una traducción directa a “mi” español sería algo así como “El entendimiento de sus argumentos es dificultado por las debilidades idiomáticas de su texto”). En España hubiera llorado, pero aquí me lo tomo casi como un cumplido (y es que el que no se alegra es porque no quiere).
También he aprobado dos asignaturas más de las que todavía no sé la nota, porque aquí hacen las cosas muy, muy raras. Porque no todo el mundo necesita nota, así que muchos reciben solo un certificado como que han asistido regularmente a clase y que han superado esa asignatura. Pero yo necesito una nota, así que aunque me han dicho que he superado con éxito el curso, todavía ando a la espera de algún papelito con un número (cuanto más bajo, mejor). Y algunas no las sabré hasta abril, porque aquí llegan las vacaciones y el primero que desaparece, es el profesor.
Por lo demás todo sigue relativamente bien. El frío ha vuelto a hacer acto de presencia (ya me habían advertido que febrero era el mes más desagradable del año), pero los días son más largos y eso se agradece. En parte. Porque a las 7 de la mañana la luz inunda mi habitación, cosa a la que voy a tener que acostumbrarme. También hago rápida mención de la Berlinale, de la que he podido ver un par de películas. Guardaré mis entradas como fetiches. Junto con mi trabajo sobre la Guerra Civil.
Novedad importante es que, lo mismo, abandono mi trabajo en el restaurante. A pesar de mi buena relación con el cocinero, de la comodidad del horario y de que estoy bastante acostumbrado a trabajar en hostelería, no estaba muy contento. La jefa es horrorosa y la desorganización, importante. Normalmente esto debería darme igual, pero la semana pasada se formó una buena, cuando me junté con 30 personas esperando para comer. Mi jefa, que siempre está dando la plasta por allí, ese día había decidido desaparecer con el teléfono del bar, así que incomunicado, me puse a atender a una mesa de 20 personas. Entre mi alemán, el alemán de los clientes, los nervios, las prisas, el descontrol (no había cambio en la caja, y cada cliente quiso pagarme por separado con un billete de 50, la cafetera funciona como le da la gana, etc) terminé el día decidido a que no iba a seguir trabajando allí, y así se lo comuniqué a la “doña” cuando regresó. Tras un primer “pues nada, el próximo fin de semana ya no vengas” y un “pues nada, hasta otra”, la cosa se relajó y cuándo ya me iba, me dijo que volviera el próximo fin de semana y que, ya más tranquilos, habláramos. Pero la decisión está, tras esta semana de reflexión, tomada. Voy a tratar de alargar mi trabajo hasta el domingo 9 de marzo, porque ese lunes me iría para Praga. Pero primero debo hablar con ella, así que no adelanto acontecimientos, que lo mismo me convierto en Arbeitlose (parado) este mismo fin de semana. Supongo que me arrepentiré al igual que pasó cuando decidí cambiarme de casa y que me dejaré los días en busca de otro trabajo, tan pobremente remunerado. Pero no me apetece nada estar amargado, sobre todo si puedo permitírmelo. La idea es encontrar algo dónde por lo menos tenga que hablar un poco más de alemán que aquí. Ya os informaré de como terminan mis reivindicaciones laborales.
Y por último le dejo una canción a Juanjo, que dice que sólo lee el blog si aparece su nombre (lo cual, voy a comprobar). Cuándo hace 5 o 6 años estuvimos en Polonia, viaje del que lo más destacable fue que me llevé para una semana sólo la ropa interior que llevaba puesta, dejándome el resto en Berlín y que Juanjo se quedó sin dinero tras el segundo día (y eso que el primero habíamos dormido en una estación de tren polaca) por lo que me tocó financiar el resto, escuchábamos a menudo esta canción. Así que ahora que vuelvo a este país, es la canción la que vuelve a la memoria.